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Concierto "El oficio de difuntos"

La polifonía vocal ocupó un lugar principal en la liturgia católica en el siglo XVI siendo el hilo conductor de todas las celebraciones a lo largo del año. La música tenía la función de embellecer y exaltar la alabanza a Dios, demostrar el poder de la Iglesia así como de atraer los sentidos de los fieles. La ingente cantidad de música que se compuso para las numerosas partes de la misa todavía hoy nos sorprende. La polifonía era omnipresente dentro de los templos en todo tipo de festividades y también tuvo su función en la liturgia de acompañamiento ante la muerte.


El oficio de difuntos, también conocido como misa de Requiem, consta de las partes de la misa cotidiana con otros añadidos para acompañar los diferentes ritos funerarios. La versión de Victoria consta de diez secciones, ya que utilizó movimientos habituales pero además incluyó tres piezas adicionales: Taedet animan meam vitae meae : Estoy hastiado de mi vida (segunda lección de los maitines de difuntos), el motete Versa est in luctum: Mi arpa se ha transformado en luto y el responsorio Libera me, Domine: Líbrame, Señor. Las dos primeras toman su texto del Libro de Job, del antiguo testamento.

Tras su fructífera carrera en Italia, Victoria volvió a España y estuvo al servicio de la emperatriz María de Austria como capellán durante diecisiete años en el convento de las Descalzas Reales en Madrid y tras su muerte en 1603, éste compuso en su memoria dicho oficio, hacia 1605.

Esta es la última obra editada por el maestro abulense pero no se sabe con certeza si es la última de sus composiciones. En cualquier caso, esta obra ha trascendido hasta nuestros días con gran prestigio y es considerada como una de las creaciones más emblemáticas del repertorio renacentista español.

El concierto se inicia con el himno Dies irae, atribuido al franciscano Tomás de Celano (1200-1260). Este poema del siglo XIII describe el día del juicio final, en el cual todas las almas serán llamadas para rendir cuentas ante la supremacía divina. La frase “Dies irae, dies illa”, la encontramos en textos de la liturgia de difuntos, tanto en la Misa como en el Oficio. Son muy sonadas las versiones más modernas de este himno como las que aparecen en las misas de Mozart o de Verdi. El concierto prosigue con las partes del oficio en el orden que Victoria dispuso. Las seis voces, dos de soprano, una de alto, dos de tenor y una de bajo se van mezclando y realizan un contrapunto muy nutrido que realza el texto a través de numerosos cánones, isorritmias y texturas que además le otorgan un dramatismo apasionante. Se alternan las diferentes partes de polifonía con gregorianos entonados por las voces femeninas.

 

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